viernes, 5 de diciembre de 2008

Capítulo VIII Primer día

Antes de iniciar la filmación, el equipo se reunió para arreglar los últimos detalles. El primer día que nos reunimos tuve oportunidad de entablar conversación con Hugh, aunque no hablamos de trabajo, más bien, hablamos de mí.
—Hola, ¿cómo has estado? —preguntó en cuanto me vio.
—Hola, bien gracias, ¿y tú qué tal?
—Bien, bien. Quería hablar contigo.
—¿Sobre qué?, ¿hay algún problema?
—No, no. Quiero disculparme por lo del otro día, ya sabes, por mi comentario, estuvo fuera de lugar, en ningún momento fue mi intención ofenderte o hacerte sentir incómoda.
Me tomó por sorpresa, no imaginé que se disculparía, de hecho, no tenía por qué hacerlo. También me sorprendió mi autocontrol, no sabía cómo pero aún no me había lanzado a pedirle su autógrafo. Ahora ya no era una fan más, ahora éramos compañeros de trabajo; por esa razón, supuse que se vería mal.
—No tienes que disculparte, no me ofendiste, sólo bromeabas.
—Bueno sí, fue un chascarrillo, aunque no es falso lo que dije —dijo mientras me miraba con aquella pícara mirada suya.
Sentí que la sangre invadía mis mejillas lenta y paulatinamente ante la repetición del cumplido. Aún si en verdad me hubiera ofendido, no concebía la idea de que alguien pudiera molestarse con semejante caballero andante.
—No te preocupes, te haré saber cuando algo me moleste.
Asintió con la cabeza y cambió el tema.
—Tengo curiosidad; tu acento es británico pero todos me han dicho que eres latina. ¿De dónde eres?
—El acento es porque estudié la universidad en Inglaterra, pero soy mexicana. Descuida, en poco tiempo el acento desaparecerá.
—Si no me dices tu nacionalidad, hubiera jurado que eres inglesa. Y, ¿se puede saber qué estudiaste? —dijo sonriendo.
—Literatura Inglesa —contesté orgullosa.
— Perdona, creo que ahora sí te voy a ofender, ¿cuántos años tienes? —preguntó con curiosidad, esperando con cautela mi reacción.
Me eché a reír.
—Acabo de cumplir 21. Esperaba que lo preguntaras —respondí aún sonriendo.
—Eres todo un caso, tengo la impresión de que eres un estuche de monerías. Apuesto a que también tienes otros talentos como hablar idiomas raros , pintar, tocar algún instrumento, cantar, artes marciales, cocinar suculentos platillos. Cuéntame ―me apremió.
No sabía a qué se debían sus preguntas, aún así, respondí:
—Bueno, pues, ya que insistes en indagar sobre mí: además de inglés y español, hablo francés y japonés que no son idiomas raros, efectivamente pinto, toco el piano y la guitarra, no canto, y sé algo de Tae Kwon Do. y no cocino para nada. Ah, pero soy fotógrafa —agregué en un ligero tono de presunción.
—Vaya, lo sabía, eres todo un encanto —dijo con una sonrisa que casi me hizo creer lo que decía.
—¿Siempre entrevistas a tus guionistas?.
—Sí, me gusta conocer a la gente con la que trabajo —respondió con una media sonrisa.
El resto del día transcurrió sin incidentes o sucesos dignos de mencionar. El tiempo que tuve libre, me la pasé platicando con Hugh, respondiendo a sus preguntas y haciéndole unas cuantas. Aunque no lograba entender por qué me preguntaba todo eso, como no encontré una respuesta coherente, resolví que debía ser como él dijo: que le gustaba conocer a sus compañeros de trabajo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Capítulo VII Amor Platónico

El día, como la mayoría de los otros, era soleado y fresco. Un leve viento golpeaba mi rostro mientras me dirigía a Seed Productions, dicha productora iba a ser la encargada de mi segundo trabajo profesional con Charlie. Al parecer les había encantado la mancuerna que hacíamos juntos pues nos habían solicitado por “paquete”. Charlie les había presentado sin mi consentimiento, aunque claro que no se lo reprochaba— uno de mis guiones y que, según él: 'amaron' y como anteriormente habían visto nuestro trabajo juntos decidieron que querían a Charlie como director. Ya habíamos estado en pláticas con ellos, esta vez nos presentábamos a firmar nuestros contratos, y por fin, estarían todos los productores involucrados, pues anteriormente uno de ellos no había podido estar presente —yo ni siquiera sabía su nombre —, pero que se suponía estaba ansioso por trabajar con nosotros.

Ya estábamos todos reunidos, sólo faltaba el susodicho. Me quedé de una pieza cuando lo vi entrar. Era nada más y nada menos que Hugh Jackman, no daba crédito a lo que veían mis ojos. ¡Claro, Seed Productions!, cómo no lo había pensado antes, no podía ser otro sino él. Como se caracterizaba, entró sonriente, tan alegre como se suponía que debía ser, en realidad, verlo en persona era toda una experiencia; el hombre irradiaba vitalidad, tenacidad, siempre caballeroso, simpático, amable; podría decir que su aura era casi visible.

¡Señorita Alves, por fin nos conocemos! —exclamó al verme.

Johanna Alves, es un placer —respondí mientras estrechaba su mano.

El placer es todo mío. Su guión nos ha dejó maravillados. También debo admitir que nos ha sorprendido su juventud —dijo esbozando una amplia sonrisa.

Muchas gracias. Espero que mi edad no los intimide para firmar dije bromeando.

Los presentes rieron.

De hecho nos intimida tanto como su belleza —dijo pícaro.

No pude más que reír y aceptar el cumplido, aunque me había desarmado, no tenía que verme en un espejo para saber que debía estar roja como la grana. Al parecer él no tenía reparo en expresar lo que pensaba, sin importar si acababa de conocer a la persona a la que se lo decía. Por suerte no tuve que responder pues todos rieron y asintieron a su comentario.

Luego de la debida presentación nos sentamos a discutir los términos. Durante la plática, vi que Charlie se mordía el labio inferior reprimiendo una sonrisa, no, más bien una carcajada; él sabía que Hugh era uno de mis ídolos, la cara que puse al verlo debió ser lo suficientemente chusca como para distraerlo todo el lapso de la junta, la observación de Hugh había sido un 'plus ' que había contribuido a su diversión.

Después de firmar el contrato salí del lugar con Charlie, rogando porque no mencionara el comentario de Hugh. En cuanto salimos del edificio Charlie soltó su carcajada a todo pulmón, el hecho de haberla reprimido había hecho que se intensificara tanto, que se prolongó varios minutos.

¡Por Dios!, debiste ver la cara que pusiste cuando entró, debí traer la cámara —dijo entre risas.

Lo miré implorando que se callara. No lo hizo.

Y luego el comentario que hizo, fue como un gol de oro, eso sí que no me lo esperaba —estalló de nuevo en carcajadas.

Maldito, ¿por qué no me dijiste que era Hugh el productor que faltaba? —musité irritada.

¿Y quitarle la diversión?, no lo creo —por fin dejó de reírse—. Está bien, prometo ya no burlarme, esperaré hasta que llegue a casa —agregó aún sonriente—. Pero oye, ¿qué tal que le gustaste?.

Ya basta —dije al tiempo que lo golpeaba en el hombro con mi bolso, sonrojada.

En serio, imagínate que llegara a pasar.

Eso no podría pasar, él... Además es sólo un amor platónico. Ahora que voy a trabajar con él, estoy segura de que se me borrará de la cabeza ese pensamiento adolescente.

Ja, si apenas hace unos años saliste de la adolescencia.

Le eché una mirada asesina, pero no dije más. Mientras caminaba de vuelta a casa, me lo repetí internamente: es sólo un amor platónico.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Capítulo VI Diversión

Alex y Marissa no interrumpieron mis planes de salir de compras, ahora saldría con ellas y pasearíamos por la ciudad. Fue así como comenzó lo que sería un día de diversión entre chicas. Lo primero que hicimos fue ir de compras, las tres compramos toneladas de ropa, zapatos y bolsos, lo que más me gustó de mis nuevas adquisiciones fue un vestido de color azul intenso, holgado, ajustado en la cintura; también compré un saco para acompañar dicho vestido, aunque ni siquiera sabía cuándo lo usaría. Yo no era de esas personas que gastan dinero en las últimas creaciones de prestigiosos diseñadores, adictas a las compras; sin embargo, ir de compras en verdad podía ser terapéutico. Después fuimos a comer algo. En el transcurso de la comida, charlamos, reímos, incluso gritamos, los típicos gritos de chicas, y nos pusimos al tanto de los detalles de nuestras vidas.

¿En serio? preguntó Alex sin ocultar la curiosidad de su voz, vamos no mientas, ¿de verdad no has salido con nadie en este tiempo?

No he conocido a nadie, además no salgo mucho admití.

No te preocupes, ya encontrarás a tu alma gemela, tienes 21 años y la vida por delante agregó Marissa.

Es cierto. Pero cuando encuentres a tu otra mitad no dudes ni tardes en decirnos, ¡eh! advirtió Alex.

Claro que no, pero no me apresuren repuse.

Eso sí, deberías salir con chicas más a menudo, ¿o es que tampoco tienes amigas? preguntó Alex examinando la reacción de mi rostro.

Pues amigas lo que se dice amigas, sólo dos, una es Anna Gray, es mi vecina, nos llevamos muy bien, a veces salimos a pasear; también nos reunimos en nuestros departamentos, ella me da consejos de cocina, ya saben que yo no soy muy hábil para eso contesté sincera . La segunda es Evelyn Vera, es compañera mía, es muy divertida, siempre me hace reír. También salgo con algunos compañeros del trabajo, cada que el tiempo lo permite, organizan salidas en grupo, es divertido, aunque nada como disfrutar de la compañía de mis verdaderas amigas.

Marissa me puso al tanto de su reciente vida de casada, hacía apenas un mes que había contraído nupcias.

¿Y cómo es la vida de casada, dormir y despertar con tu amado, hacer de comer para él, arreglarle la corbata?pregunté curiosa.

Marissa suspiró adrede.

Robert es maravilloso, creí que cuando nos casáramos ambos cambiaríamos, pero no fue así, seguimos siendo los mismos, como cuando nos conocimos.

¿O sea unos romanticones, no? inquirió Alex bromeando.

Marissa suspiró de nuevo axagerando el movimiento.

¡Ahh!, así es respondió mientras ponía una graciosa cara soñadora.

Nos echamos a reír. Extrañaba tanto aquellas reuniones de amigas, platicar con desenfado, reír hasta casi reventar, disfrutar de la compañía de alguien en quien confiar.

Como acababa de pasar mi cumpleaños, mis amigas me felicitaron y me dieron obsequios, y compramos de todos los dulces que encontramos y nos imaginé como los chicos de Hogwarts comiendo pepas de todos los sabores. Acordamos que al día siguiente iríamos a celebrar nuestro rencuentro. No dejé que volvieran a su hotel, así que como pudimos, nos acomodamos las tres en mi departamento. Ese día, dormí como no lo había hecho desde mi llegada a Australia.

Después de comer fuimos al cine. ¡Dios!, tenía tanto tiempo sin ir al cine que casi había olvidado lo mucho que disfrutaba ver películas en una enorme sala frente a una enorme pantalla; me encantaba la sensación de satisfacción y vacío que dejaba una buena película, el momento en que terminaba sentía que algo faltaba, que la película no podía terminar, pero a la vez me iba con un buen sabor de boca. También adoraba el hecho de que en tan pocas horas, uno pudiera experimentar tantas sensaciones distintas, disfrutar de imágenes en movimiento casi poéticas y la música, la música que al igual que las imágenes transmite tantas, tantas cosas.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Capítulo V Amigas

La filmación de la película había terminado, no tuvimos ningún percance durante su realización y, gracias a ella pasaron varias cosas buenas. Nos trajo una grata e inesperada sorpresa, había tenido un gran éxito recaudando cerca del doble de ganancias contempladas. También había sido proyectada en varios festivales de cine alrededor del mundo, ganamos algunos premios pero lo más importante: reconocimiento. Esta película representaba las puertas al cine internacional. Mientras seguía en cartelera a Charlie le llovían proyectos, tanto independientes como comerciales. A mi por otro lado, me propusieron un empleo que no tardé en aceptar: ser guionista de una nueva serie para una televisora local. La serie se basaba en una novela de ficción que retrataba las aventuras de una detective mujer; la historia me encantó y sería un nuevo reto para mi carrera.
Tardé un poco en acoplarme al ritmo de trabajo, era algo pesado, en ocasiones llegaba trabajar hasta 12 horas en el set, pero aún así, me gustaba mi trabajo. Con mis primeros cheques remodelé y amueblé apropiadamente mi departamento y descubrí que tenía dinero suficiente para darme algunos lujos y fue entonces cuando me dí cuenta conscientemente de que en verdad me iba bien. Llevaba 6 meses de vivir en Australia y ya tenía empleo y con buena paga, algunos compañeros de trabajo me creían una suertuda a la que la fortuna le sonrió en el momento adecuado pero yo sabía que no era así. Desde antes de terminar mis estudios empecé a moverme en Australia a larga distancia con mi guión, el cual Charlie presentaba a las productoras antes de que yo llegara, vaya, esa fue la principal razón de mi aparente éxito repentino, porque cuando llegué a Australia ya todo estaba hecho, bien pudo Charlie filmar la película sin que yo estuviera presente, aunque hubiera requerido mi firma. No es que fuera yo un genio en mi campo, pero sin duda mi talento era una de las causas de mi triunfo, además de mi empeño por superarme y sobre todo, a la pasión por mi profesión.
Los sábados y domingos eran mis días de descanso, fue precisamente un sábado en el que hice planes para ir de compras pero ocurrió algo inesperado y magnífico. Cuando me disponía a salir, en el preciso momento en que abría la puerta, allí estaba ellas, eran Alex y Marissa, amigas incondicionales que había venido a visitarme. Las estreché con fuerza, temía que se desvanecieran. Platicamos largo y tendido. Dos de mis mejores amigas se habían tomado unas vacaciones de sus respectivas vidas para venir a verme. Agradecía tanto su visita, prácticamente no tenía verdaderos amigos, de esos amigos en los que se puede confiar. Mi trabajo absorbía gran parte de mi tiempo, además mi familia y amigos estaban al otro lado del Océano Pacífico. En realidad, estaba sola en un país desconocido con gente desconocida. Necesitaba urgentemente un respiro y ellas, Alex y Marissa, habían llegado justo a tiempo antes de que tuviera un ataque de depresión.
Alex Laris vivía en Liverpool, Inglaterra, era una reconocida profesora de Inglés e Historia en la University College Liverpool; vivía con su prometido Michael Lewis, profesor de la misma universidad. Ellos se conocieron siendo estudiantes, se enamoraron y han salido desde entonces. Alex tenía publicadas varias novelas sobre la Segunda Guerra Mundial, obteniendo así también renombre como escritora.
Marissa Firth estaba casada con Robert Firth, un corredor de bolsa al que conoció mientras volaban de regreso a Londres, lugar de residencia de ambos. Marissa era intérprete, así que viajaba frecuentemente.
Mis dos amigas eran mexicanas al igual que yo, y también habían estudiado en Inglaterra, sólo que yo no me quedé a vivir ahí, volví a México para arreglar mis papeles y poder vivir en Australia.
No me había dado cuenta que en todo el tiempo que había estado en Australia, habían sido escasos los momentos que había dedicado para mí. Vivir sola, sin familiares o amigos, sin salir a divertirse, dedicarse sólo al trabajo, no es algo recomendable, el tener trabajo no significa ser feliz.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Capítulo IV Suerte

Llegué casi sin aliento al lugar en el que me había citado Charlie para negociar sobre nuestro pequeño proyecto independiente con los productores y patrocinadores interesados. Después de una breve charla, logramos cerrar el trato. Luego de despedirnos y salir del edificio, Charlie se fue corriendo a hacer los preparativos necesarios para comenzar a filmar cuanto antes, aunque aún nos faltaba contratar al equipo técnico y hacer el casting. Yo por mi parte, y dado que no tenía nada mejor que hacer, fui a mi departamento a llamar a mi padre para darle la gran noticia de que en mi tercer día de estar en Australia pero bueno, para eso había ido a aquel país: a trabajar y lograr mi sueño, ya había conseguido lo necesario para mi primer largometraje. Estaba que no cabía de contenta, fue más fácil de lo que había imaginado, sin duda fue un golpe de suerte que mi guión hubiera pegado tan pronto, aunque en buena parte se debía también a que Charlie, que ya se había hecho de un modesto renombre desde la universidad gracias a su talento, en el tiempo que esperaba a que yo llegara, ya había hecho su trabajo consiguiendo algunas audiencias para presentar nuestro material y digo nuestro porque nos habíamos aferrado a una condición: si el guión era aceptado, él dirigiría, prácticamente él lo hizo todo, en cuanto lo viera tendría que agradecerle.


Al llegar a mi aún vacía y solitaria casa, llamé a papá, se puso tanto o más feliz que yo por mi reciente logro, le prometí que lo llamaría en el preciso momento en que empezara la filmación, yo como guionista no tenía prácticamente que hacer nada ya, mi trabajo estaba hecho, y estaba segura de que Charlie se apegaría a él y que no le cambiaría ni una coma, a menos que fuera estrictamente necesario; sin embargo yo iba a estar todos los días de filmación, sabía que disfrutaría todo el proceso.

Después de una larga charla con mi padre sobre perseverancia, éxito en la vida, la familia y otras cuantas cosas más; tomé una ducha, preparé spaguetti y cuando me disponía a sacar el pollo de la nevera, llamaron a la puerta. Era Charlie, en cuanto lo vi me abalancé sobre él para estrecharlo.

Sí, yo también estoy felizdijo en tono amigable.

Gracias, todo es gracias a ti, mira, mi tercer día en Australia y ya tengo trabajo admití animada.

No te emociones tanto, no es un trabajo fijo y tendrás una única paga se apresuró a decir aunque te alcanzará para sobrevivir un tiempo agregó en tono de broma, aunque era muy cierto.

Pasa, no te quedes en la puerta.

Como era lo único que tenía, brindamos con soda, comimos spaguetti con pollo y charlamos un rato. Luego mi invitado pidió algo de música. Puse uno de los discos indispensables que había traído junto con mis libros. Y me enteré de algo.

¿Te gustaron los regalos? preguntó reprimiendo una sonrisa.

¿Cómo sabes que ...? no terminé la pregunta. Lo miré entrecerrando los ojos, inspeccionándolo ¿Tú los enviaste?, no tenías que hacerlo, te pagaré en cuanto tenga dinero...

Olvídalo dijo interrumpiéndome, sé que necesitabas esos aparatos. Cuando yo llegué aquí no sabes cómo sufrí por ellos, no quería que pasaras por lo mismo, si te hace sentir mejor te dejaré que me pagues luego, no hay prisa. Traje una película que quiero que veas dijo cambiando de tema―.

En serio te lo agradezco, no debiste hacerlo, te pagaré lo más pronto posible. Gracias.

Luego de una amena plática, unas cuantas carcajadas y unos sorbos de nuestras sodas, nos acomodamos para ver la película en unos improvisados asientos hechos con cajas. Para cuando terminó la película y nuestra charla ya había oscurecido, eran alrededor de las 22:00 horas cuando convencí a Charlie de que se fuera a descansar. Yo también necesitaba tomar un respiro de tan agitado y largo día.

viernes, 24 de octubre de 2008

Capítulo III Un día largo

Todo indicaba que el día sería largo. Había ido a una de las casas productoras en las que había dejado el guión en el que Charlie y yo teníamos fe que fuera aceptado. No sería la primera película que él dirigía pues ya llevaba unos años viviendo y trabajando en Australia en lo que más le gustaba hacer: cine. Había sido llamada para confirmar algunos datos. Cuando salía de la oficina donde había sido mi cita, me encontré con varias personalidades del cine y la televisión: actores, directores, conductores, escritores, entre otros. Me vino a la cabeza algo que no había tenido oportunidad de pensar desde mi llegada a Australia: si tenía éxito, ese tipo de personas son con las llegaría a codearme algún día.

Cuando iba llegando al ascensor sonó mi móvil, era Charlie.

Perdón por no llamarte anoche pero no vas a creerlo explicó exaltado.

No hay problema, ¿qué pasa?

¿Recuerdas cuál fue el primer lugar al que llevé el guión? preguntó conteniendo la respuesta.

Sí, lo recuerdo, ¿por qué?

¡Lo aceptaron, ya está todo listo!

¡¿Qué?! contesté sorprendidano lo puedo creer, eso es grandioso. Un momento, más te vale que no sea una broma porque te... me interrumpió.

¡Por Dios, claro que no, es verdad!, hasta me haces mencionar a Dios y ni si quiera soy creyente. ¡Quieren vernos justo ahora!.

¡¿Qué?!, ¿ahora?.

¡Sí!, ¿tienes dónde apuntar?

Eh... sí contesté mientras sacaba una libreta y una pluma de mi bolso.

Me dictó la dirección y me apremió dejar lo que fuera que estuviera haciendo para ir a su encuentro, y el de mi destino. En ese proyecto estaba la clave de nuestro triunfo, si lográbamos amarrar a los productores y cerrar el trato, se haría la película con mi guión y Charlie la dirigiría, sería perfecto.

Llegué volando hasta el ascensor. Sentí que pasaba una eternidad y que nunca se abrirían las puertas. Por fin se abrieron y salí corriendo. Pasé por la puerta automática y cuando bajaba las escaleras de la entrada choqué con alguien que venía en dirección contraria y que no vi; aún traía el móvil, la libreta y una copia del guión en las manos. Por desgracia el impacto había tenido la fuerza suficiente como para hacerme trastabillar y bajar a trompicones las escaleras, hasta tocar el piso con una rodilla, para simultáneamente dejar caer mis documentos al suelo. Me apresuré a recoger mis cosas. El hombre con el que había chocado se había detenido a ayudarme, recogió algunos papeles y me los dio sin decir una palabra, yo sabía que por dentro estaba muerto de risa pues nuestro encuentro había sido de película. De pronto habló.

Lindo llavero dijo con una lindísima voz varonil, mientras estiraba la mano para pasarme las llaves de las que pendía mi adorado llavero de Wolverine, que había alcanzado a salirse de mi bolso.

Reconocí la voz pocos segundos después de oírla pero temía voltear, no lo creía, era imposible. Giré la cabeza para recibirlas y mis ojos se encontraron con los suyos, efectivamente, era él, Hugh Jackman, uno de mis ídolos y estaba ahí dándome las llaves con su arrebatadora sonrisa.

Gracias dije con voz apenas audible para la distancia a la que nos encontrábamos.

No hay de qué dijo mientras se enderezaba y me extendía una mano para ayudarme a levantar.

Vacilé un momento, luego, tomé su mano y me levanté. La sensación que experimenté mientras sujetaba su mano rebasaba todo límite de excitación y alegría. Mientras enrojecía le dí nuevamente las gracias y solté su mano. Él me respondió con una sonrisa y yo dí media vuelta. Mientras caminaba las piernas me temblaban a pesar de sentir los pies ligeros como en una alfombra de algodón, me quemaba el rostro y me sentía como en un sueño. Todo indicaba que el día sería largo.

viernes, 17 de octubre de 2008

Capítulo II Regalos

El sol de la mañana entraba por la ventana dispersándose por toda la habitación, iluminando traviesa y vigorosamente el lugar e irremediablemente, despertándome. Me alisté para ir de compras pues no tenía nada en la nevera. Cuando salí de la ducha sonó mi móvil, el cual había dejado sobre el buró, atravesé la habitación para atender la llamada. No puse atención al número.

¿Jo? preguntó una voz familiar.

¿Charlie? interrogué conociendo la respuesta, ¡hola!, no esperaba que llamaras hoy.

¡Hola!, quería saber cómo llegaste ¿qué tal el vuelo, llegaste bien? preguntó entre preocupado y curioso.

Pues el vuelo estuvo bien, yo fui la que no lo estuvo, quería vomitar al bajar del avión. Llegué sana y salva, el departamento es más de lo que esperaba y la casera es muy amable.

Me alegro, te dije que te gustaría dijo animadoespero no haberte despertado.

No te preocupes ya estaba despierta, voy a ir de compras porque no tengo nada de nada. ¿Te molesta si te llamo más tarde?.

No hay problema. Dame el teléfono de tu departamento y yo te llamo por la noche.

Después de darle el número, colgué y me arreglé para salir.


Afuera el sol chisporroteaba alegre. La casera se había tomado la molestia de obsequiarme un cuadernillo, escrito de su puño y letra, con los nombres y direcciones de los lugares y establecimientos más importantes de los alrededores: restaurantes, bancos, hoteles, sitios de taxies, paradas y rutas de autobuses, toda clase de tiendas, cines, parques; todo lo que se le había ocurrido. Sin duda el cuadernillo me sería de gran ayuda. Para mi fortuna el supermercado estaba a tres a calles al norte, compré lo que necesitaba y salí de la tienda. Cuando caminaba de vuelta a casa se me atravesó una tienda de ropa, miré el vestido que exhibían en el aparador pero cuando observé el precio casi me voy de espaldas; seguí mirando la costosa ropa, mi vista se detuvo en una blusa de color azul pálido y pensé: ésta le gustaría a Marissa, luego vi mi reflejo.

De regreso en casa, acomodé la comida en la nevera y dejé las sartenes que recién había comprado sobre la estufa, que era propiedad de la casera; me preparé unos huevos a la mexicana para almorzar, pues ya se me había pasado la hora del desayuno, y tomé un poco de jugo de naranja, aunque no tenía mucho apetito. Luego de llenar parcialmente el estómago me dispuse a desempacar mi ropa y demás utensilios personajes. Mientras desempacaba llamaron a la puerta. Era la casera.

Buenos días señorita, han traído unas cosas para usted y necesitan que firme dijo sonriente.

¿Qué clase de cosas? pregunté.

Un televisor, un estéreo y un reproductor dvd.

Pero yo no he comprado nada de eso repliqué extrañada.

Me miró con cara desentendida y me acompañó a la recepción para recibir mis 'regalos'. Firmé y uno de los hijos de la casera me ayudó a subir las cosas a mi habitación. No imaginaba quién podría haber tenido la gentileza de obsequiarme aquellos electrodomésticos, pero se lo agradecía pues eran justo los aparatos que pensaba comprar primero, mucho antes que un tostador o un microondas.

Me recosté en la cama y comencé a leer uno de los libros que había traído conmigo. Yo era una de esas personas que no salía mucho, prefería pasar la tarde en casa leyendo, viendo películas, editando en la pc o haciendo fotografías; si salía era con mis amigos, cosa que aquí tardaría en suceder pues no tenía ningún conocido más que a Charlie. Pase toda la tarde leyendo hasta que cayó la noche, recordé que al día siguiente tendría que trabajar así que me lavé la boca y me metí a la cama. Charlie no llamó.

sábado, 11 de octubre de 2008

Capítulo I El arribo

El sonido de la bocina del avión me despertó, aterrizábamos. Mi cabeza descansaba sobre el hombro de un hombre asiático; levanté la vista aún somnolienta y desubicada, el hombre me miraba tiernamente, le sonreí apenada y me acomodé en el asiento. No tuvimos ningún percance durante todo el vuelo, menos mal pues estaba aterrorizada, le tenía un pavor descomunal a volar en avión. Tomé mi equipaje cuidadosamente para asegurarme de no olvidar nada, recogí la basura de las golosinas y caminé hacia la salida. Al salir del avión sentí un alivio inexplicable, después de tantas horas de vuelo sentía que el suelo se movía bajo mis pies, pero prefería ese malestar a estar a no sé cuántos pies de altura con la posibilidad de que el avión se precipitara y acabara todo en un final trágico. Comenzaba a sentirme mal: mareada, perdida, sola. Caminé algo aturdida entre las olas de gente que se movían sin parar de un lado para otro y que hablaban muchísimos idiomas diferentes, algunos no los llegué a reconocer. Me detuve justo antes de dar el paso que me sacaría del aeropuerto, observé mi alrededor, tomé aire, y salí. Me zumbaban los oídos y era en verdad molesto, hice el método de compensación que había aprendido en la preparatoria y el zumbido desapareció. Llegué al sitio de taxies, donde como era de esperarse había un número considerable de personas que aguardaban por uno, por suerte era mejor que en México, pues la fila avanzaba rápido y constantemente, tomé mi lugar en la fila. Puse mis dos abultadas maletas en el suelo para acomodarme el cabello que era una maraña, en una cola de caballo; me desabroché el primer botón de la blusa; ya empezaba a sentir el golpe del calor australiano, que aunque parecido al de mi país tenía una frescura que jamás había sentido, era la brisa de la playa. De pronto recobré los sentidos y noté que era mi turno para tomar el taxi cuando, súbitamente un hombre alto y rubio, bien vestido, pasó volando a mi lado metiéndose en MI taxi. Rápidamente caminé hacia el taxi y detuve la puerta antes de que la cerrara el encargado, asomé la cabeza al interior del auto.
―Hey! ―dije sin alzar la voz― what are you doing?, I was waiting for this one, you...
Me interrumpió.
―Sorry, I really need the taxi, I have to go right now, if i'm late I'll be fired! ―masculló preocupado.
―But it's unfair!, you didn't... ―me interrumpí― alright, go.
―Thank you so much ―musitó aliviado.
Ja, y yo que pensaba que los australianos eran muy puntuales. Sabía perfectamente que el sujeto podía estar mintiendo, pero me resultaba indiferente, después de todo yo no tenía prisa. Aguardé al siguiente taxi que no tardó mucho en llegar, indiqué la dirección controlando mi nerviosismo, pues nunca había estado ahí y no sabía ni a dónde iba. El chofer me informó que habíamos llegado, pagué al tiempo que daba las gracias y bajé del auto. Entré al edificio. Me recibió la casera, que parecía que ya me esperaba, y me condujo amablemente hasta mi habitación, me dio las llaves y se marchó, no sin antes avisarme que si necesitaba algo no dudara en avisarle; le dí las gracias y entré. La habitación era pequeña, pero tenía suficiente espacio para una persona, dejé el equipaje en un rincón. Eché un vistazo al lugar y me sorprendí al notar lo agradable que era; tenía una reconfortante iluminación, los pocos muebles que había dejado el anterior inquilino, para mi suerte, se encontraban en buenas condiciones; la ventilación era adecuada, la cocina estaba limpia y no tenía olores nauseabundos. Por el precio que pagué, me esperaba un lugar desteñido y moribundo, algo así como el departamento de Peter Parker, pero quizá había exagerado. Australia tenía muchas comodidades y me había recibido calurosamente ―incluyendo el término literal―. Después de echar una hojeada a mi nuevo departamento, finalmente, me quité los zapatos, me recosté en la cama ―que sí había adquirido por mi cuenta― y me relajé, suspiré, estiré los músculos y me dejé llevar por el cansancio. Me quedé dormida casi al instante.

viernes, 3 de octubre de 2008

Introducción

Hola a todos, me complace darles la bienvenida a platonic-fanfic.blogspot.com. Habrán llegado aquí por error o gusto, pues bien, espero que pasen un rato agradable mientras dure su visita.
Este blog contiene un FanFiction con el actor Hugh Jackman como inspiración principal. Debo advertir que este FanFic trata de apegarse lo mejor posible a la vida real, sin embargo, contiene elementos tanto verdaderos como ficticios de Hugh Jackman y otras celebridades que aparecerán a lo largo del relato, así que no vayan a creer todo lo que lean. También, se harán breves notas sobre lo que sea verdadero o falso.

Para su entretenimiento también encontrarán videos, imágenes y otros materiales de apoyo para esta historia.

Ojalá disfruten la siguiente historia.