La filmación de la película había terminado, no tuvimos ningún percance durante su realización y, gracias a ella pasaron varias cosas buenas. Nos trajo una grata e inesperada sorpresa, había tenido un gran éxito recaudando cerca del doble de ganancias contempladas. También había sido proyectada en varios festivales de cine alrededor del mundo, ganamos algunos premios pero lo más importante: reconocimiento. Esta película representaba las puertas al cine internacional. Mientras seguía en cartelera a Charlie le llovían proyectos, tanto independientes como comerciales. A mi por otro lado, me propusieron un empleo que no tardé en aceptar: ser guionista de una nueva serie para una televisora local. La serie se basaba en una novela de ficción que retrataba las aventuras de una detective mujer; la historia me encantó y sería un nuevo reto para mi carrera.
Tardé un poco en acoplarme al ritmo de trabajo, era algo pesado, en ocasiones llegaba trabajar hasta 12 horas en el set, pero aún así, me gustaba mi trabajo. Con mis primeros cheques remodelé y amueblé apropiadamente mi departamento y descubrí que tenía dinero suficiente para darme algunos lujos y fue entonces cuando me dí cuenta conscientemente de que en verdad me iba bien. Llevaba 6 meses de vivir en Australia y ya tenía empleo y con buena paga, algunos compañeros de trabajo me creían una suertuda a la que la fortuna le sonrió en el momento adecuado pero yo sabía que no era así. Desde antes de terminar mis estudios empecé a moverme en Australia a larga distancia con mi guión, el cual Charlie presentaba a las productoras antes de que yo llegara, vaya, esa fue la principal razón de mi aparente éxito repentino, porque cuando llegué a Australia ya todo estaba hecho, bien pudo Charlie filmar la película sin que yo estuviera presente, aunque hubiera requerido mi firma. No es que fuera yo un genio en mi campo, pero sin duda mi talento era una de las causas de mi triunfo, además de mi empeño por superarme y sobre todo, a la pasión por mi profesión.
Los sábados y domingos eran mis días de descanso, fue precisamente un sábado en el que hice planes para ir de compras pero ocurrió algo inesperado y magnífico. Cuando me disponía a salir, en el preciso momento en que abría la puerta, allí estaba ellas, eran Alex y Marissa, amigas incondicionales que había venido a visitarme. Las estreché con fuerza, temía que se desvanecieran. Platicamos largo y tendido. Dos de mis mejores amigas se habían tomado unas vacaciones de sus respectivas vidas para venir a verme. Agradecía tanto su visita, prácticamente no tenía verdaderos amigos, de esos amigos en los que se puede confiar. Mi trabajo absorbía gran parte de mi tiempo, además mi familia y amigos estaban al otro lado del Océano Pacífico. En realidad, estaba sola en un país desconocido con gente desconocida. Necesitaba urgentemente un respiro y ellas, Alex y Marissa, habían llegado justo a tiempo antes de que tuviera un ataque de depresión.
Alex Laris vivía en Liverpool, Inglaterra, era una reconocida profesora de Inglés e Historia en la University College Liverpool; vivía con su prometido Michael Lewis, profesor de la misma universidad. Ellos se conocieron siendo estudiantes, se enamoraron y han salido desde entonces. Alex tenía publicadas varias novelas sobre la Segunda Guerra Mundial, obteniendo así también renombre como escritora.
Marissa Firth estaba casada con Robert Firth, un corredor de bolsa al que conoció mientras volaban de regreso a Londres, lugar de residencia de ambos. Marissa era intérprete, así que viajaba frecuentemente.
Mis dos amigas eran mexicanas al igual que yo, y también habían estudiado en Inglaterra, sólo que yo no me quedé a vivir ahí, volví a México para arreglar mis papeles y poder vivir en Australia.
No me había dado cuenta que en todo el tiempo que había estado en Australia, habían sido escasos los momentos que había dedicado para mí. Vivir sola, sin familiares o amigos, sin salir a divertirse, dedicarse sólo al trabajo, no es algo recomendable, el tener trabajo no significa ser feliz.
Tardé un poco en acoplarme al ritmo de trabajo, era algo pesado, en ocasiones llegaba trabajar hasta 12 horas en el set, pero aún así, me gustaba mi trabajo. Con mis primeros cheques remodelé y amueblé apropiadamente mi departamento y descubrí que tenía dinero suficiente para darme algunos lujos y fue entonces cuando me dí cuenta conscientemente de que en verdad me iba bien. Llevaba 6 meses de vivir en Australia y ya tenía empleo y con buena paga, algunos compañeros de trabajo me creían una suertuda a la que la fortuna le sonrió en el momento adecuado pero yo sabía que no era así. Desde antes de terminar mis estudios empecé a moverme en Australia a larga distancia con mi guión, el cual Charlie presentaba a las productoras antes de que yo llegara, vaya, esa fue la principal razón de mi aparente éxito repentino, porque cuando llegué a Australia ya todo estaba hecho, bien pudo Charlie filmar la película sin que yo estuviera presente, aunque hubiera requerido mi firma. No es que fuera yo un genio en mi campo, pero sin duda mi talento era una de las causas de mi triunfo, además de mi empeño por superarme y sobre todo, a la pasión por mi profesión.
Los sábados y domingos eran mis días de descanso, fue precisamente un sábado en el que hice planes para ir de compras pero ocurrió algo inesperado y magnífico. Cuando me disponía a salir, en el preciso momento en que abría la puerta, allí estaba ellas, eran Alex y Marissa, amigas incondicionales que había venido a visitarme. Las estreché con fuerza, temía que se desvanecieran. Platicamos largo y tendido. Dos de mis mejores amigas se habían tomado unas vacaciones de sus respectivas vidas para venir a verme. Agradecía tanto su visita, prácticamente no tenía verdaderos amigos, de esos amigos en los que se puede confiar. Mi trabajo absorbía gran parte de mi tiempo, además mi familia y amigos estaban al otro lado del Océano Pacífico. En realidad, estaba sola en un país desconocido con gente desconocida. Necesitaba urgentemente un respiro y ellas, Alex y Marissa, habían llegado justo a tiempo antes de que tuviera un ataque de depresión.
Alex Laris vivía en Liverpool, Inglaterra, era una reconocida profesora de Inglés e Historia en la University College Liverpool; vivía con su prometido Michael Lewis, profesor de la misma universidad. Ellos se conocieron siendo estudiantes, se enamoraron y han salido desde entonces. Alex tenía publicadas varias novelas sobre la Segunda Guerra Mundial, obteniendo así también renombre como escritora.
Marissa Firth estaba casada con Robert Firth, un corredor de bolsa al que conoció mientras volaban de regreso a Londres, lugar de residencia de ambos. Marissa era intérprete, así que viajaba frecuentemente.
Mis dos amigas eran mexicanas al igual que yo, y también habían estudiado en Inglaterra, sólo que yo no me quedé a vivir ahí, volví a México para arreglar mis papeles y poder vivir en Australia.
No me había dado cuenta que en todo el tiempo que había estado en Australia, habían sido escasos los momentos que había dedicado para mí. Vivir sola, sin familiares o amigos, sin salir a divertirse, dedicarse sólo al trabajo, no es algo recomendable, el tener trabajo no significa ser feliz.






2 comentarios:
OMG OMG OMG.!!
Ya salgo *O* Y con mi prometido Mike :D Sí, sí, me uzzta como va too ^^
Y qe waiiii eso de los premios :D Un premio en Francia debe de estar presente jaja :D
Me uzzzzzzzzzta.!
TQM!
Que buen texto, que interesante como vas juntando todo....cuanto tiempo te ha tomado sincerar tu alma para esto, cuanto analisis!? que belleza
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