viernes, 17 de octubre de 2008

Capítulo II Regalos

El sol de la mañana entraba por la ventana dispersándose por toda la habitación, iluminando traviesa y vigorosamente el lugar e irremediablemente, despertándome. Me alisté para ir de compras pues no tenía nada en la nevera. Cuando salí de la ducha sonó mi móvil, el cual había dejado sobre el buró, atravesé la habitación para atender la llamada. No puse atención al número.

¿Jo? preguntó una voz familiar.

¿Charlie? interrogué conociendo la respuesta, ¡hola!, no esperaba que llamaras hoy.

¡Hola!, quería saber cómo llegaste ¿qué tal el vuelo, llegaste bien? preguntó entre preocupado y curioso.

Pues el vuelo estuvo bien, yo fui la que no lo estuvo, quería vomitar al bajar del avión. Llegué sana y salva, el departamento es más de lo que esperaba y la casera es muy amable.

Me alegro, te dije que te gustaría dijo animadoespero no haberte despertado.

No te preocupes ya estaba despierta, voy a ir de compras porque no tengo nada de nada. ¿Te molesta si te llamo más tarde?.

No hay problema. Dame el teléfono de tu departamento y yo te llamo por la noche.

Después de darle el número, colgué y me arreglé para salir.


Afuera el sol chisporroteaba alegre. La casera se había tomado la molestia de obsequiarme un cuadernillo, escrito de su puño y letra, con los nombres y direcciones de los lugares y establecimientos más importantes de los alrededores: restaurantes, bancos, hoteles, sitios de taxies, paradas y rutas de autobuses, toda clase de tiendas, cines, parques; todo lo que se le había ocurrido. Sin duda el cuadernillo me sería de gran ayuda. Para mi fortuna el supermercado estaba a tres a calles al norte, compré lo que necesitaba y salí de la tienda. Cuando caminaba de vuelta a casa se me atravesó una tienda de ropa, miré el vestido que exhibían en el aparador pero cuando observé el precio casi me voy de espaldas; seguí mirando la costosa ropa, mi vista se detuvo en una blusa de color azul pálido y pensé: ésta le gustaría a Marissa, luego vi mi reflejo.

De regreso en casa, acomodé la comida en la nevera y dejé las sartenes que recién había comprado sobre la estufa, que era propiedad de la casera; me preparé unos huevos a la mexicana para almorzar, pues ya se me había pasado la hora del desayuno, y tomé un poco de jugo de naranja, aunque no tenía mucho apetito. Luego de llenar parcialmente el estómago me dispuse a desempacar mi ropa y demás utensilios personajes. Mientras desempacaba llamaron a la puerta. Era la casera.

Buenos días señorita, han traído unas cosas para usted y necesitan que firme dijo sonriente.

¿Qué clase de cosas? pregunté.

Un televisor, un estéreo y un reproductor dvd.

Pero yo no he comprado nada de eso repliqué extrañada.

Me miró con cara desentendida y me acompañó a la recepción para recibir mis 'regalos'. Firmé y uno de los hijos de la casera me ayudó a subir las cosas a mi habitación. No imaginaba quién podría haber tenido la gentileza de obsequiarme aquellos electrodomésticos, pero se lo agradecía pues eran justo los aparatos que pensaba comprar primero, mucho antes que un tostador o un microondas.

Me recosté en la cama y comencé a leer uno de los libros que había traído conmigo. Yo era una de esas personas que no salía mucho, prefería pasar la tarde en casa leyendo, viendo películas, editando en la pc o haciendo fotografías; si salía era con mis amigos, cosa que aquí tardaría en suceder pues no tenía ningún conocido más que a Charlie. Pase toda la tarde leyendo hasta que cayó la noche, recordé que al día siguiente tendría que trabajar así que me lavé la boca y me metí a la cama. Charlie no llamó.

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