sábado, 4 de julio de 2009

Capítulo X Recuperación

Luego del lamentable accidente que le quitara la vida a Helena, tanto la producción de la película como nuestros ánimos, terminaron en un pozo vacío. Yo no pensaba que algún día podría salir de allí. Afortunadamente, el tiempo, aunque no cura todo, al menos disimula las heridas, por lo que ya no me sentía tan decaída como en los últimos días. Necesitaba trabajar, no sólo para sobrevivir sino para despejarme. Mi lado creativo siempre me ha sido de gran ayuda para los desafortunados eventos de la vida.
Y Charlie vino con la ayuda y con el trabajo.
El clima de Australia sin duda era de gran ayuda anímica, al menos así lo habría sido para una persona de día, mar y sol; no para mí que era alguien de noche, frío y luna. Uno de esos días soleados y teñidos de color, temprano por la mañana, Charlie vino a mi departamento con una refrescante propuesta para salir de paseo a la playa. Me negué. Pero me convenció de ir a desayunar a uno de esos restaurantes en el que las mesas se encuentran bajo enormes sombrillas y al aire libre.
Comimos y charlamos, largo rato como era común entre nosotros. No lo he dicho anteriormente pero Charlie era como el hermano mayor que nunca tuve. Discutimos sobre mi estado de ánimo, la superación de la muerte de Helena y la recuperación a la que según él, yo me negaba.
Cuando parecía que la conversación terminaba y que Charlie abandonaba todo su intento por animarme, la plática dio un giro a otros rumbos.
―Oye, ¿recuerdas cuando hacíamos videos caseros? ―preguntó él de improviso.
―Sí, cómo olvidarlo, esos videos fueron mi debut como actriz ―sentí que las comisuras de mis labios tiraban hacia arriba ante el ameno recuerdo.
―¿Recuerdas Papel, tinta y muerte?, ese corto en el que interpretaste a una escritora desquiciada, solitaria, arrogante, obsesiva, orgullosa, pedante, mordaz...
―Ok, ok, ok, lo recuerdo ―lo interrumpí ― fue un tremendo reto, además de mi escasa formación histriónica, el papel era bastante complicado.
―Pero te gustó ―no lo dijo en forma interrogativa. La afirmación tenía un trasfondo.
―Sí ―lo miré inquisitoria ―, ¿a qué viene esto?
―Me preguntaba sí te gustaría hacer una película no como escritora sino como actriz.
―¿Eh? ―lo miré boquiabierta ―, ¿una película?
―Este... no, no una película, no, un corto ―respondió confuso.
―Creo que te afectó el sol.
―Hablo en serio.
Lo pensé unos segundos.
―¿De verdad me estás proponiendo un papel en uno de tus cortos?
―Serías la protagonista.
Me reí, mi risa con un grado de histeria.
―Estás loco. Veo que hablas en serio y eso no me lo creo, ¿por qué me querrías a mí pudiendo conseguir a una actriz profesional?
― Bah, eso no importa; lo que importa es que quiero que lo hagas tú.
Me detuve a meditarlo un rato. La idea de actuar era tentadora, en realidad me divertía bastante haciéndolo, era algo que disfrutaba bastante. Aún así había algo en la mirada ofuscada de Charlie que me hacía dudar, algo que me hacía creer que mintiera.
―¿Tienes el guión? ―pregunté simulando desinterés.
―Sí, puedes leerlo ahora ―respondió, también tratando de esconder su entusiasmo al tiempo que sacaba su laptop.
Honestamente, me enamoré del guión. Me sorprendió lo buen escritor que podía llegar a ser Charlie, siempre que se lo propusiera, y esta vez, sí que lo hizo bien, más que bien.
―Charlie, ¡me encanta! ―admití sin ocultar mi furor.
―¿Entonces aceptas? ―preguntó alzando una de sus espesas cejas.
―Tenemos un trato.
Terminamos nuestras tazas de café y nos despedimos. Charlie llevaba prisa, se había retrasado para una entrevista, pero dejó claro que prepararía las formalidades. Era gracioso, jamás me hubiera imaginado que llegaría tan lejos; mi amigo de escuela, siempre con su cámara lista para cualquier material inesperado. Y ahora era llamado a entrevistas, a programas de radio y tv.
Algo dentro de mí se me retorció, sentí una sensación extraña en el estómago, similar a un presentimiento mezclado con la emoción de hacer mi primer corto profesional como actriz; como escritora había hecho varios ya. Me sentí rara unos instantes, después el presentimiento pasó y sólo quedó la energía que otorga el entusiasmo.
Vaya, Charlie de verdad sabía cómo hacerme sentir mejor.

viernes, 24 de abril de 2009

Autobiografía

Nací en México un 3 de octubre de 1988. De familia algo dispareja: mi padre es del pintoresco estado de Michoacán, hijo de campesinos y talentoso estudiante, pronto se trasladó a la Ciudad para prosperar y tener lo que dicen "una vida mejor", quería estudiar leyes pero la vida lo llevó por otro camino: actualmente es un exitoso publicista y dirige su propia agencia; mi madre es de Guanajuato, es secretaria y ama de casa. Tengo tres hermanos, Estephania de diecisiete, Valeria de diez y Ricardo de ocho.
Estudié siempre en el país. Desde pequeña, mi padre me inculcó la importancia de la lectura y del estudio; solía comprarme libros de cuentos de hadas y similares, después me guió hasta Dickens, Hemingway, Twain, Carroll, los Grimm... hasta que tuve mis propios intereses. A los nueve le pedí Drácula, a lo cual se negó argumentando que era muy pequeña para esa clase de libros, me lo concedió dos años después. Se supone que mi país no es muy afecto a la lectura, así que eso me hacía la "típica niña inusual" que, a diferencia de otros niños de mi edad, amaba leer. Pero también sabía divertirme jugando como el resto del mundo, de hecho, era una niña traviesa: trepaba árboles para ver los huevitos de los nidos, saltaba del columpio en movimiento; recuerdo que en una ocasión, mientras estaba de vacaciones de Michoacán, pisé accidentalmente y trayendo sandalias, lo que parecía ser una colonia de hormigas de fuego, de inmediato salieron de su hormiguero, subieron por mis pies y comenzaron a picarme, salí corriendo y gritando que las hormigas me picaban, llegué hasta mi padre que me las sacudió con las manos y me mandó a que me quitara los pantalones por si aún quedaba alguna malvada hormiga dentro de ellos. En fin, era tan traviesa, que en dos ocasiones me fracturé el brazo izquierdo.
También es cierto que era algo violenta, por lo que mis padres me inscribieron en clases de Tae Kwon Do. Funcionó, mi agresividad disminuyó hasta convertirme en alguien ligeramente explosivo.

En la preparatoria me volví un poco introvertida, mi inquietud por el arte me llevó a estudiar teatro, pintura, fotografía y cine; pero finalmente la literatura me sedujo.
Al terminar la preparatoria, gané una beca completa para estudiar en Inglaterra. Desde antes de partir dominaba el inglés y medianamente el francés. Al llegar allá estudié Literatura Inglesa y perfeccioné el francés y aprendí japonés; sin dejar nunca de ejercitar mis otras habilidades. A la par de mi carrera estudié fotografía, uno de mis hobbies, llegando a emplearme profesionalmente. También tuve la fortuna de que en la universidad se impartieran clases de Guión Cinematográfico. Fue durante este tiempo cuando mi creatividad era casi ilimitada, y escribía tanto guiones como novelas cortas y demás.

Charlie, amigo desde la secundaria, se había trasladado a Sydney, Australia. Dado que siempre fuimos muy unidos, a él le enviaba todos mis trabajos, hasta que uno de mis guiones lo deslumbró según él , y dijo que ya había comenzado a buscar la realización de la película con ese guión.
En cuanto me gradué, volé, literalmente, a Australia. Nunca soporté mucho el sol, pero el de Australia era diferente al de mi país, la brisa marina lo hacía soportable. El resto de la historia, ya lo saben: a mi llegada a Australia Charlie consiguió el contrato para llevar a cabo la película que fue un pequeño gran éxito, e incluso me permitió conocer a uno de mis ídolos: Hugh Jackman. Posteriormente obtuve trabajo como guionista en una serie televisiva y actualmente me encontraba junto con Charlie en la pre-producción de una segunda película basada en uno de mis trabajos favoritos, antes de que sobreviniera la tragedia.

jueves, 5 de febrero de 2009

Capítulo IX Tragedia

Todo había ido a la perfección, estábamos a punto de iniciar la filmación, ya habíamos hecho el casting para la película y todos los actores me parecieron adecuados para los personajes que con tanto cuidado plasmé en el guión, aunque no me dejaran intervenir en la elección de los mismos; el fotógrafo que contratamos era un chico desconocido pero que nos pareció maravilloso, en realidad era todo un genio, o al menos, eso me pareció a mí ya que sus ideas no chocaban con las mías. Absolutamente todo había sido sencillo, grato y sin dificultades, hasta que nos acercamos al momento de rodaje: nuestro protagonista enfermó gravemente y tuvimos que posponer, nada contentos, el rodaje por un mes. Pero al parecer todo iba de mal en peor, al vencer el plazo, con nuestro chico restablecido, nuestra protagonista pidió una prórroga ya que enfrentaba problemas personales que la harían viajar a EUA con su familia; solicitó 2 semanas, se las otorgamos. El contrato no nos permitiría esperar más de ese lapso, ahora teníamos el tiempo contado, pero ocurrió algo que nos hizo suspirar a todos: nuestra chica, Helena McGowan, había regresado de su viaje una semana antes.

Planeamos empezar a filmar en cuanto ella llegara y se sintiera lista, pero ocurrió algo totalmente inesperado, una catástrofe. Cuando llegó el ansiado día de filmación, Helena nos llamó desde el móvil diciéndonos que venía en camino, aunque a mí no me sonó nada bien su voz, parecía que estaba llorando, me preocupé, algo iba mal. Más que mal, más que peor: a mitad del camino al set, Helena sufrió un terrible accidente automovilístico. En cuanto lo supimos corrimos al hospital, qué importaba ya el rodaje, se había vuelto irrelevante a comparación con la vida que perdíamos. Pasaron dos días, que se nos hicieron eternos, para que su estado fuera estable, en el cuarto entró en coma. Los doctores aseguraron que no se recobraría de ese estado. No podía creerlo, una joven tan prometedora viendo su vida severamente golpeada, pero lo peor aun no llegaba. Cuando se le comunicó a su familia el estado de su hija, vinieron de inmediato, y juntos llegaron a la conclusión de que no la dejarían permanecer en su estado, no era esa una vida. Al séptimo día, la desconectaron del aparato que la mantenía con vida. Yo hubiera querido que la dejaran como estaba, respirando, tranquila en su cama, su rostro tenía una serenidad asombrosa, parecía que no sufría; pero saber que jamás volvería a abrir los ojos, a reír, a hablar, era demasiado cruel tan sólo pensar en dejarla así. Lloré largos ratos por ella, no sé qué hubiera hecho si hubiera estado en el lugar de sus padres, quizá lo mismo que hicieron, quizá no, era una situación demasiado dolorosa, me parecía que el saber que una persona amada seguía con vida pero sin poder vivir por ella misma era aún más terrible que si hubiera muerto en el accidente. Me sentía terrible por pensar de esa manera, pero no sabía qué pensar, qué hacer, no sabía nada, sólo quería olvidarlo.

Evidentemente el rodaje se canceló.

Helena, de acuerdo a su voluntad, fue sepultada en Australia. En su funeral, mientras Charlie daba sus condolencias a la familia McGowan, Hugh se separó de su esposa e hijos, la familia Jackman consideraba importante para sus hijos el que estuvieran al tanto de lo que sucedía en el mundo real, y se acercó al lugar donde me encontraba. Creí que me preguntaría como me encontraba, aunque sólo fuera por cortesía, pero en lugar de eso, me abrazó sin decir nada. Me sentí tan bien en ese momento, sus brazos rodeándome, mi rostro sepultado en su amplio pecho. Y entonces, de alguna manera, lo comprendí: la muerte de Helena no se comparaba con lo terrible que habría sido su existencia estando atada a un cuerpo que ya no le pertenecía, su cuerpo había sufrido de una destrucción que aunque prematura, la devolvía al mundo perfecto, al mundo incorruptible; supe que estaría en un lugar mejor, que aunque trillado, no puede ser menos que verdadero.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Capítulo VIII Primer día

Antes de iniciar la filmación, el equipo se reunió para arreglar los últimos detalles. El primer día que nos reunimos tuve oportunidad de entablar conversación con Hugh, aunque no hablamos de trabajo, más bien, hablamos de mí.
—Hola, ¿cómo has estado? —preguntó en cuanto me vio.
—Hola, bien gracias, ¿y tú qué tal?
—Bien, bien. Quería hablar contigo.
—¿Sobre qué?, ¿hay algún problema?
—No, no. Quiero disculparme por lo del otro día, ya sabes, por mi comentario, estuvo fuera de lugar, en ningún momento fue mi intención ofenderte o hacerte sentir incómoda.
Me tomó por sorpresa, no imaginé que se disculparía, de hecho, no tenía por qué hacerlo. También me sorprendió mi autocontrol, no sabía cómo pero aún no me había lanzado a pedirle su autógrafo. Ahora ya no era una fan más, ahora éramos compañeros de trabajo; por esa razón, supuse que se vería mal.
—No tienes que disculparte, no me ofendiste, sólo bromeabas.
—Bueno sí, fue un chascarrillo, aunque no es falso lo que dije —dijo mientras me miraba con aquella pícara mirada suya.
Sentí que la sangre invadía mis mejillas lenta y paulatinamente ante la repetición del cumplido. Aún si en verdad me hubiera ofendido, no concebía la idea de que alguien pudiera molestarse con semejante caballero andante.
—No te preocupes, te haré saber cuando algo me moleste.
Asintió con la cabeza y cambió el tema.
—Tengo curiosidad; tu acento es británico pero todos me han dicho que eres latina. ¿De dónde eres?
—El acento es porque estudié la universidad en Inglaterra, pero soy mexicana. Descuida, en poco tiempo el acento desaparecerá.
—Si no me dices tu nacionalidad, hubiera jurado que eres inglesa. Y, ¿se puede saber qué estudiaste? —dijo sonriendo.
—Literatura Inglesa —contesté orgullosa.
— Perdona, creo que ahora sí te voy a ofender, ¿cuántos años tienes? —preguntó con curiosidad, esperando con cautela mi reacción.
Me eché a reír.
—Acabo de cumplir 21. Esperaba que lo preguntaras —respondí aún sonriendo.
—Eres todo un caso, tengo la impresión de que eres un estuche de monerías. Apuesto a que también tienes otros talentos como hablar idiomas raros , pintar, tocar algún instrumento, cantar, artes marciales, cocinar suculentos platillos. Cuéntame ―me apremió.
No sabía a qué se debían sus preguntas, aún así, respondí:
—Bueno, pues, ya que insistes en indagar sobre mí: además de inglés y español, hablo francés y japonés que no son idiomas raros, efectivamente pinto, toco el piano y la guitarra, no canto, y sé algo de Tae Kwon Do. y no cocino para nada. Ah, pero soy fotógrafa —agregué en un ligero tono de presunción.
—Vaya, lo sabía, eres todo un encanto —dijo con una sonrisa que casi me hizo creer lo que decía.
—¿Siempre entrevistas a tus guionistas?.
—Sí, me gusta conocer a la gente con la que trabajo —respondió con una media sonrisa.
El resto del día transcurrió sin incidentes o sucesos dignos de mencionar. El tiempo que tuve libre, me la pasé platicando con Hugh, respondiendo a sus preguntas y haciéndole unas cuantas. Aunque no lograba entender por qué me preguntaba todo eso, como no encontré una respuesta coherente, resolví que debía ser como él dijo: que le gustaba conocer a sus compañeros de trabajo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Capítulo VII Amor Platónico

El día, como la mayoría de los otros, era soleado y fresco. Un leve viento golpeaba mi rostro mientras me dirigía a Seed Productions, dicha productora iba a ser la encargada de mi segundo trabajo profesional con Charlie. Al parecer les había encantado la mancuerna que hacíamos juntos pues nos habían solicitado por “paquete”. Charlie les había presentado sin mi consentimiento, aunque claro que no se lo reprochaba— uno de mis guiones y que, según él: 'amaron' y como anteriormente habían visto nuestro trabajo juntos decidieron que querían a Charlie como director. Ya habíamos estado en pláticas con ellos, esta vez nos presentábamos a firmar nuestros contratos, y por fin, estarían todos los productores involucrados, pues anteriormente uno de ellos no había podido estar presente —yo ni siquiera sabía su nombre —, pero que se suponía estaba ansioso por trabajar con nosotros.

Ya estábamos todos reunidos, sólo faltaba el susodicho. Me quedé de una pieza cuando lo vi entrar. Era nada más y nada menos que Hugh Jackman, no daba crédito a lo que veían mis ojos. ¡Claro, Seed Productions!, cómo no lo había pensado antes, no podía ser otro sino él. Como se caracterizaba, entró sonriente, tan alegre como se suponía que debía ser, en realidad, verlo en persona era toda una experiencia; el hombre irradiaba vitalidad, tenacidad, siempre caballeroso, simpático, amable; podría decir que su aura era casi visible.

¡Señorita Alves, por fin nos conocemos! —exclamó al verme.

Johanna Alves, es un placer —respondí mientras estrechaba su mano.

El placer es todo mío. Su guión nos ha dejó maravillados. También debo admitir que nos ha sorprendido su juventud —dijo esbozando una amplia sonrisa.

Muchas gracias. Espero que mi edad no los intimide para firmar dije bromeando.

Los presentes rieron.

De hecho nos intimida tanto como su belleza —dijo pícaro.

No pude más que reír y aceptar el cumplido, aunque me había desarmado, no tenía que verme en un espejo para saber que debía estar roja como la grana. Al parecer él no tenía reparo en expresar lo que pensaba, sin importar si acababa de conocer a la persona a la que se lo decía. Por suerte no tuve que responder pues todos rieron y asintieron a su comentario.

Luego de la debida presentación nos sentamos a discutir los términos. Durante la plática, vi que Charlie se mordía el labio inferior reprimiendo una sonrisa, no, más bien una carcajada; él sabía que Hugh era uno de mis ídolos, la cara que puse al verlo debió ser lo suficientemente chusca como para distraerlo todo el lapso de la junta, la observación de Hugh había sido un 'plus ' que había contribuido a su diversión.

Después de firmar el contrato salí del lugar con Charlie, rogando porque no mencionara el comentario de Hugh. En cuanto salimos del edificio Charlie soltó su carcajada a todo pulmón, el hecho de haberla reprimido había hecho que se intensificara tanto, que se prolongó varios minutos.

¡Por Dios!, debiste ver la cara que pusiste cuando entró, debí traer la cámara —dijo entre risas.

Lo miré implorando que se callara. No lo hizo.

Y luego el comentario que hizo, fue como un gol de oro, eso sí que no me lo esperaba —estalló de nuevo en carcajadas.

Maldito, ¿por qué no me dijiste que era Hugh el productor que faltaba? —musité irritada.

¿Y quitarle la diversión?, no lo creo —por fin dejó de reírse—. Está bien, prometo ya no burlarme, esperaré hasta que llegue a casa —agregó aún sonriente—. Pero oye, ¿qué tal que le gustaste?.

Ya basta —dije al tiempo que lo golpeaba en el hombro con mi bolso, sonrojada.

En serio, imagínate que llegara a pasar.

Eso no podría pasar, él... Además es sólo un amor platónico. Ahora que voy a trabajar con él, estoy segura de que se me borrará de la cabeza ese pensamiento adolescente.

Ja, si apenas hace unos años saliste de la adolescencia.

Le eché una mirada asesina, pero no dije más. Mientras caminaba de vuelta a casa, me lo repetí internamente: es sólo un amor platónico.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Capítulo VI Diversión

Alex y Marissa no interrumpieron mis planes de salir de compras, ahora saldría con ellas y pasearíamos por la ciudad. Fue así como comenzó lo que sería un día de diversión entre chicas. Lo primero que hicimos fue ir de compras, las tres compramos toneladas de ropa, zapatos y bolsos, lo que más me gustó de mis nuevas adquisiciones fue un vestido de color azul intenso, holgado, ajustado en la cintura; también compré un saco para acompañar dicho vestido, aunque ni siquiera sabía cuándo lo usaría. Yo no era de esas personas que gastan dinero en las últimas creaciones de prestigiosos diseñadores, adictas a las compras; sin embargo, ir de compras en verdad podía ser terapéutico. Después fuimos a comer algo. En el transcurso de la comida, charlamos, reímos, incluso gritamos, los típicos gritos de chicas, y nos pusimos al tanto de los detalles de nuestras vidas.

¿En serio? preguntó Alex sin ocultar la curiosidad de su voz, vamos no mientas, ¿de verdad no has salido con nadie en este tiempo?

No he conocido a nadie, además no salgo mucho admití.

No te preocupes, ya encontrarás a tu alma gemela, tienes 21 años y la vida por delante agregó Marissa.

Es cierto. Pero cuando encuentres a tu otra mitad no dudes ni tardes en decirnos, ¡eh! advirtió Alex.

Claro que no, pero no me apresuren repuse.

Eso sí, deberías salir con chicas más a menudo, ¿o es que tampoco tienes amigas? preguntó Alex examinando la reacción de mi rostro.

Pues amigas lo que se dice amigas, sólo dos, una es Anna Gray, es mi vecina, nos llevamos muy bien, a veces salimos a pasear; también nos reunimos en nuestros departamentos, ella me da consejos de cocina, ya saben que yo no soy muy hábil para eso contesté sincera . La segunda es Evelyn Vera, es compañera mía, es muy divertida, siempre me hace reír. También salgo con algunos compañeros del trabajo, cada que el tiempo lo permite, organizan salidas en grupo, es divertido, aunque nada como disfrutar de la compañía de mis verdaderas amigas.

Marissa me puso al tanto de su reciente vida de casada, hacía apenas un mes que había contraído nupcias.

¿Y cómo es la vida de casada, dormir y despertar con tu amado, hacer de comer para él, arreglarle la corbata?pregunté curiosa.

Marissa suspiró adrede.

Robert es maravilloso, creí que cuando nos casáramos ambos cambiaríamos, pero no fue así, seguimos siendo los mismos, como cuando nos conocimos.

¿O sea unos romanticones, no? inquirió Alex bromeando.

Marissa suspiró de nuevo axagerando el movimiento.

¡Ahh!, así es respondió mientras ponía una graciosa cara soñadora.

Nos echamos a reír. Extrañaba tanto aquellas reuniones de amigas, platicar con desenfado, reír hasta casi reventar, disfrutar de la compañía de alguien en quien confiar.

Como acababa de pasar mi cumpleaños, mis amigas me felicitaron y me dieron obsequios, y compramos de todos los dulces que encontramos y nos imaginé como los chicos de Hogwarts comiendo pepas de todos los sabores. Acordamos que al día siguiente iríamos a celebrar nuestro rencuentro. No dejé que volvieran a su hotel, así que como pudimos, nos acomodamos las tres en mi departamento. Ese día, dormí como no lo había hecho desde mi llegada a Australia.

Después de comer fuimos al cine. ¡Dios!, tenía tanto tiempo sin ir al cine que casi había olvidado lo mucho que disfrutaba ver películas en una enorme sala frente a una enorme pantalla; me encantaba la sensación de satisfacción y vacío que dejaba una buena película, el momento en que terminaba sentía que algo faltaba, que la película no podía terminar, pero a la vez me iba con un buen sabor de boca. También adoraba el hecho de que en tan pocas horas, uno pudiera experimentar tantas sensaciones distintas, disfrutar de imágenes en movimiento casi poéticas y la música, la música que al igual que las imágenes transmite tantas, tantas cosas.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Capítulo V Amigas

La filmación de la película había terminado, no tuvimos ningún percance durante su realización y, gracias a ella pasaron varias cosas buenas. Nos trajo una grata e inesperada sorpresa, había tenido un gran éxito recaudando cerca del doble de ganancias contempladas. También había sido proyectada en varios festivales de cine alrededor del mundo, ganamos algunos premios pero lo más importante: reconocimiento. Esta película representaba las puertas al cine internacional. Mientras seguía en cartelera a Charlie le llovían proyectos, tanto independientes como comerciales. A mi por otro lado, me propusieron un empleo que no tardé en aceptar: ser guionista de una nueva serie para una televisora local. La serie se basaba en una novela de ficción que retrataba las aventuras de una detective mujer; la historia me encantó y sería un nuevo reto para mi carrera.
Tardé un poco en acoplarme al ritmo de trabajo, era algo pesado, en ocasiones llegaba trabajar hasta 12 horas en el set, pero aún así, me gustaba mi trabajo. Con mis primeros cheques remodelé y amueblé apropiadamente mi departamento y descubrí que tenía dinero suficiente para darme algunos lujos y fue entonces cuando me dí cuenta conscientemente de que en verdad me iba bien. Llevaba 6 meses de vivir en Australia y ya tenía empleo y con buena paga, algunos compañeros de trabajo me creían una suertuda a la que la fortuna le sonrió en el momento adecuado pero yo sabía que no era así. Desde antes de terminar mis estudios empecé a moverme en Australia a larga distancia con mi guión, el cual Charlie presentaba a las productoras antes de que yo llegara, vaya, esa fue la principal razón de mi aparente éxito repentino, porque cuando llegué a Australia ya todo estaba hecho, bien pudo Charlie filmar la película sin que yo estuviera presente, aunque hubiera requerido mi firma. No es que fuera yo un genio en mi campo, pero sin duda mi talento era una de las causas de mi triunfo, además de mi empeño por superarme y sobre todo, a la pasión por mi profesión.
Los sábados y domingos eran mis días de descanso, fue precisamente un sábado en el que hice planes para ir de compras pero ocurrió algo inesperado y magnífico. Cuando me disponía a salir, en el preciso momento en que abría la puerta, allí estaba ellas, eran Alex y Marissa, amigas incondicionales que había venido a visitarme. Las estreché con fuerza, temía que se desvanecieran. Platicamos largo y tendido. Dos de mis mejores amigas se habían tomado unas vacaciones de sus respectivas vidas para venir a verme. Agradecía tanto su visita, prácticamente no tenía verdaderos amigos, de esos amigos en los que se puede confiar. Mi trabajo absorbía gran parte de mi tiempo, además mi familia y amigos estaban al otro lado del Océano Pacífico. En realidad, estaba sola en un país desconocido con gente desconocida. Necesitaba urgentemente un respiro y ellas, Alex y Marissa, habían llegado justo a tiempo antes de que tuviera un ataque de depresión.
Alex Laris vivía en Liverpool, Inglaterra, era una reconocida profesora de Inglés e Historia en la University College Liverpool; vivía con su prometido Michael Lewis, profesor de la misma universidad. Ellos se conocieron siendo estudiantes, se enamoraron y han salido desde entonces. Alex tenía publicadas varias novelas sobre la Segunda Guerra Mundial, obteniendo así también renombre como escritora.
Marissa Firth estaba casada con Robert Firth, un corredor de bolsa al que conoció mientras volaban de regreso a Londres, lugar de residencia de ambos. Marissa era intérprete, así que viajaba frecuentemente.
Mis dos amigas eran mexicanas al igual que yo, y también habían estudiado en Inglaterra, sólo que yo no me quedé a vivir ahí, volví a México para arreglar mis papeles y poder vivir en Australia.
No me había dado cuenta que en todo el tiempo que había estado en Australia, habían sido escasos los momentos que había dedicado para mí. Vivir sola, sin familiares o amigos, sin salir a divertirse, dedicarse sólo al trabajo, no es algo recomendable, el tener trabajo no significa ser feliz.