El clima de Australia sin duda era de gran ayuda anímica, al menos así lo habría sido para una persona de día, mar y sol; no para mí que era alguien de noche, frío y luna. Uno de esos días soleados y teñidos de color, temprano por la mañana, Charlie vino a mi departamento con una refrescante propuesta para salir de paseo a la playa. Me negué. Pero me convenció de ir a desayunar a uno de esos restaurantes en el que las mesas se encuentran bajo enormes sombrillas y al aire libre.
Comimos y charlamos, largo rato como era común entre nosotros. No lo he dicho anteriormente pero Charlie era como el hermano mayor que nunca tuve. Discutimos sobre mi estado de ánimo, la superación de la muerte de Helena y la recuperación a la que según él, yo me negaba.
Cuando parecía que la conversación terminaba y que Charlie abandonaba todo su intento por animarme, la plática dio un giro a otros rumbos.
―Ok, ok, ok, lo recuerdo
―Este... no, no una película, no, un corto ―respondió confuso.
―Creo que te afectó el sol.
―Hablo en serio.
Lo pensé unos segundos.
―¿De verdad me estás proponiendo un papel en uno de tus cortos?
―Serías la protagonista.
Me reí, mi risa con un grado de histeria.
―Estás loco. Veo que hablas en serio y eso no me lo creo, ¿por qué me querrías a mí pudiendo conseguir a una actriz profesional?
― Bah, eso no importa; lo que importa es que quiero que lo hagas tú.
Me detuve a meditarlo un rato. La idea de actuar era tentadora, en realidad me divertía bastante haciéndolo, era algo que disfrutaba bastante. Aún así había algo en la mirada ofuscada de Charlie que me hacía dudar, algo que me hacía creer que mintiera.
―¿Tienes el guión? ―pregunté simulando desinterés.
―Sí, puedes leerlo ahora ―respondió, también tratando de esconder su entusiasmo al tiempo que sacaba su laptop.
Honestamente, me enamoré del guión. Me sorprendió lo buen escritor que podía llegar a ser Charlie, siempre que se lo propusiera, y esta vez, sí que lo hizo bien, más que bien.
―Charlie, ¡me encanta! ―admití sin ocultar mi furor.
―¿Entonces aceptas? ―preguntó alzando una de sus espesas cejas.
―Tenemos un trato.
Terminamos nuestras tazas de café y nos despedimos. Charlie llevaba prisa, se había retrasado para una entrevista, pero dejó claro que prepararía las formalidades. Era gracioso, jamás me hubiera imaginado que llegaría tan lejos; mi amigo de escuela, siempre con su cámara lista para cualquier material inesperado. Y ahora era llamado a entrevistas, a programas de radio y tv.
Algo dentro de mí se me retorció, sentí una sensación extraña en el estómago, similar a un presentimiento mezclado con la emoción de hacer mi primer corto profesional como actriz; como escritora había hecho varios ya. Me sentí rara unos instantes, después el presentimiento pasó y sólo quedó la energía que otorga el entusiasmo.
Vaya, Charlie de verdad sabía cómo hacerme sentir mejor.





