lunes, 24 de noviembre de 2008

Capítulo VII Amor Platónico

El día, como la mayoría de los otros, era soleado y fresco. Un leve viento golpeaba mi rostro mientras me dirigía a Seed Productions, dicha productora iba a ser la encargada de mi segundo trabajo profesional con Charlie. Al parecer les había encantado la mancuerna que hacíamos juntos pues nos habían solicitado por “paquete”. Charlie les había presentado sin mi consentimiento, aunque claro que no se lo reprochaba— uno de mis guiones y que, según él: 'amaron' y como anteriormente habían visto nuestro trabajo juntos decidieron que querían a Charlie como director. Ya habíamos estado en pláticas con ellos, esta vez nos presentábamos a firmar nuestros contratos, y por fin, estarían todos los productores involucrados, pues anteriormente uno de ellos no había podido estar presente —yo ni siquiera sabía su nombre —, pero que se suponía estaba ansioso por trabajar con nosotros.

Ya estábamos todos reunidos, sólo faltaba el susodicho. Me quedé de una pieza cuando lo vi entrar. Era nada más y nada menos que Hugh Jackman, no daba crédito a lo que veían mis ojos. ¡Claro, Seed Productions!, cómo no lo había pensado antes, no podía ser otro sino él. Como se caracterizaba, entró sonriente, tan alegre como se suponía que debía ser, en realidad, verlo en persona era toda una experiencia; el hombre irradiaba vitalidad, tenacidad, siempre caballeroso, simpático, amable; podría decir que su aura era casi visible.

¡Señorita Alves, por fin nos conocemos! —exclamó al verme.

Johanna Alves, es un placer —respondí mientras estrechaba su mano.

El placer es todo mío. Su guión nos ha dejó maravillados. También debo admitir que nos ha sorprendido su juventud —dijo esbozando una amplia sonrisa.

Muchas gracias. Espero que mi edad no los intimide para firmar dije bromeando.

Los presentes rieron.

De hecho nos intimida tanto como su belleza —dijo pícaro.

No pude más que reír y aceptar el cumplido, aunque me había desarmado, no tenía que verme en un espejo para saber que debía estar roja como la grana. Al parecer él no tenía reparo en expresar lo que pensaba, sin importar si acababa de conocer a la persona a la que se lo decía. Por suerte no tuve que responder pues todos rieron y asintieron a su comentario.

Luego de la debida presentación nos sentamos a discutir los términos. Durante la plática, vi que Charlie se mordía el labio inferior reprimiendo una sonrisa, no, más bien una carcajada; él sabía que Hugh era uno de mis ídolos, la cara que puse al verlo debió ser lo suficientemente chusca como para distraerlo todo el lapso de la junta, la observación de Hugh había sido un 'plus ' que había contribuido a su diversión.

Después de firmar el contrato salí del lugar con Charlie, rogando porque no mencionara el comentario de Hugh. En cuanto salimos del edificio Charlie soltó su carcajada a todo pulmón, el hecho de haberla reprimido había hecho que se intensificara tanto, que se prolongó varios minutos.

¡Por Dios!, debiste ver la cara que pusiste cuando entró, debí traer la cámara —dijo entre risas.

Lo miré implorando que se callara. No lo hizo.

Y luego el comentario que hizo, fue como un gol de oro, eso sí que no me lo esperaba —estalló de nuevo en carcajadas.

Maldito, ¿por qué no me dijiste que era Hugh el productor que faltaba? —musité irritada.

¿Y quitarle la diversión?, no lo creo —por fin dejó de reírse—. Está bien, prometo ya no burlarme, esperaré hasta que llegue a casa —agregó aún sonriente—. Pero oye, ¿qué tal que le gustaste?.

Ya basta —dije al tiempo que lo golpeaba en el hombro con mi bolso, sonrojada.

En serio, imagínate que llegara a pasar.

Eso no podría pasar, él... Además es sólo un amor platónico. Ahora que voy a trabajar con él, estoy segura de que se me borrará de la cabeza ese pensamiento adolescente.

Ja, si apenas hace unos años saliste de la adolescencia.

Le eché una mirada asesina, pero no dije más. Mientras caminaba de vuelta a casa, me lo repetí internamente: es sólo un amor platónico.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Capítulo VI Diversión

Alex y Marissa no interrumpieron mis planes de salir de compras, ahora saldría con ellas y pasearíamos por la ciudad. Fue así como comenzó lo que sería un día de diversión entre chicas. Lo primero que hicimos fue ir de compras, las tres compramos toneladas de ropa, zapatos y bolsos, lo que más me gustó de mis nuevas adquisiciones fue un vestido de color azul intenso, holgado, ajustado en la cintura; también compré un saco para acompañar dicho vestido, aunque ni siquiera sabía cuándo lo usaría. Yo no era de esas personas que gastan dinero en las últimas creaciones de prestigiosos diseñadores, adictas a las compras; sin embargo, ir de compras en verdad podía ser terapéutico. Después fuimos a comer algo. En el transcurso de la comida, charlamos, reímos, incluso gritamos, los típicos gritos de chicas, y nos pusimos al tanto de los detalles de nuestras vidas.

¿En serio? preguntó Alex sin ocultar la curiosidad de su voz, vamos no mientas, ¿de verdad no has salido con nadie en este tiempo?

No he conocido a nadie, además no salgo mucho admití.

No te preocupes, ya encontrarás a tu alma gemela, tienes 21 años y la vida por delante agregó Marissa.

Es cierto. Pero cuando encuentres a tu otra mitad no dudes ni tardes en decirnos, ¡eh! advirtió Alex.

Claro que no, pero no me apresuren repuse.

Eso sí, deberías salir con chicas más a menudo, ¿o es que tampoco tienes amigas? preguntó Alex examinando la reacción de mi rostro.

Pues amigas lo que se dice amigas, sólo dos, una es Anna Gray, es mi vecina, nos llevamos muy bien, a veces salimos a pasear; también nos reunimos en nuestros departamentos, ella me da consejos de cocina, ya saben que yo no soy muy hábil para eso contesté sincera . La segunda es Evelyn Vera, es compañera mía, es muy divertida, siempre me hace reír. También salgo con algunos compañeros del trabajo, cada que el tiempo lo permite, organizan salidas en grupo, es divertido, aunque nada como disfrutar de la compañía de mis verdaderas amigas.

Marissa me puso al tanto de su reciente vida de casada, hacía apenas un mes que había contraído nupcias.

¿Y cómo es la vida de casada, dormir y despertar con tu amado, hacer de comer para él, arreglarle la corbata?pregunté curiosa.

Marissa suspiró adrede.

Robert es maravilloso, creí que cuando nos casáramos ambos cambiaríamos, pero no fue así, seguimos siendo los mismos, como cuando nos conocimos.

¿O sea unos romanticones, no? inquirió Alex bromeando.

Marissa suspiró de nuevo axagerando el movimiento.

¡Ahh!, así es respondió mientras ponía una graciosa cara soñadora.

Nos echamos a reír. Extrañaba tanto aquellas reuniones de amigas, platicar con desenfado, reír hasta casi reventar, disfrutar de la compañía de alguien en quien confiar.

Como acababa de pasar mi cumpleaños, mis amigas me felicitaron y me dieron obsequios, y compramos de todos los dulces que encontramos y nos imaginé como los chicos de Hogwarts comiendo pepas de todos los sabores. Acordamos que al día siguiente iríamos a celebrar nuestro rencuentro. No dejé que volvieran a su hotel, así que como pudimos, nos acomodamos las tres en mi departamento. Ese día, dormí como no lo había hecho desde mi llegada a Australia.

Después de comer fuimos al cine. ¡Dios!, tenía tanto tiempo sin ir al cine que casi había olvidado lo mucho que disfrutaba ver películas en una enorme sala frente a una enorme pantalla; me encantaba la sensación de satisfacción y vacío que dejaba una buena película, el momento en que terminaba sentía que algo faltaba, que la película no podía terminar, pero a la vez me iba con un buen sabor de boca. También adoraba el hecho de que en tan pocas horas, uno pudiera experimentar tantas sensaciones distintas, disfrutar de imágenes en movimiento casi poéticas y la música, la música que al igual que las imágenes transmite tantas, tantas cosas.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Capítulo V Amigas

La filmación de la película había terminado, no tuvimos ningún percance durante su realización y, gracias a ella pasaron varias cosas buenas. Nos trajo una grata e inesperada sorpresa, había tenido un gran éxito recaudando cerca del doble de ganancias contempladas. También había sido proyectada en varios festivales de cine alrededor del mundo, ganamos algunos premios pero lo más importante: reconocimiento. Esta película representaba las puertas al cine internacional. Mientras seguía en cartelera a Charlie le llovían proyectos, tanto independientes como comerciales. A mi por otro lado, me propusieron un empleo que no tardé en aceptar: ser guionista de una nueva serie para una televisora local. La serie se basaba en una novela de ficción que retrataba las aventuras de una detective mujer; la historia me encantó y sería un nuevo reto para mi carrera.
Tardé un poco en acoplarme al ritmo de trabajo, era algo pesado, en ocasiones llegaba trabajar hasta 12 horas en el set, pero aún así, me gustaba mi trabajo. Con mis primeros cheques remodelé y amueblé apropiadamente mi departamento y descubrí que tenía dinero suficiente para darme algunos lujos y fue entonces cuando me dí cuenta conscientemente de que en verdad me iba bien. Llevaba 6 meses de vivir en Australia y ya tenía empleo y con buena paga, algunos compañeros de trabajo me creían una suertuda a la que la fortuna le sonrió en el momento adecuado pero yo sabía que no era así. Desde antes de terminar mis estudios empecé a moverme en Australia a larga distancia con mi guión, el cual Charlie presentaba a las productoras antes de que yo llegara, vaya, esa fue la principal razón de mi aparente éxito repentino, porque cuando llegué a Australia ya todo estaba hecho, bien pudo Charlie filmar la película sin que yo estuviera presente, aunque hubiera requerido mi firma. No es que fuera yo un genio en mi campo, pero sin duda mi talento era una de las causas de mi triunfo, además de mi empeño por superarme y sobre todo, a la pasión por mi profesión.
Los sábados y domingos eran mis días de descanso, fue precisamente un sábado en el que hice planes para ir de compras pero ocurrió algo inesperado y magnífico. Cuando me disponía a salir, en el preciso momento en que abría la puerta, allí estaba ellas, eran Alex y Marissa, amigas incondicionales que había venido a visitarme. Las estreché con fuerza, temía que se desvanecieran. Platicamos largo y tendido. Dos de mis mejores amigas se habían tomado unas vacaciones de sus respectivas vidas para venir a verme. Agradecía tanto su visita, prácticamente no tenía verdaderos amigos, de esos amigos en los que se puede confiar. Mi trabajo absorbía gran parte de mi tiempo, además mi familia y amigos estaban al otro lado del Océano Pacífico. En realidad, estaba sola en un país desconocido con gente desconocida. Necesitaba urgentemente un respiro y ellas, Alex y Marissa, habían llegado justo a tiempo antes de que tuviera un ataque de depresión.
Alex Laris vivía en Liverpool, Inglaterra, era una reconocida profesora de Inglés e Historia en la University College Liverpool; vivía con su prometido Michael Lewis, profesor de la misma universidad. Ellos se conocieron siendo estudiantes, se enamoraron y han salido desde entonces. Alex tenía publicadas varias novelas sobre la Segunda Guerra Mundial, obteniendo así también renombre como escritora.
Marissa Firth estaba casada con Robert Firth, un corredor de bolsa al que conoció mientras volaban de regreso a Londres, lugar de residencia de ambos. Marissa era intérprete, así que viajaba frecuentemente.
Mis dos amigas eran mexicanas al igual que yo, y también habían estudiado en Inglaterra, sólo que yo no me quedé a vivir ahí, volví a México para arreglar mis papeles y poder vivir en Australia.
No me había dado cuenta que en todo el tiempo que había estado en Australia, habían sido escasos los momentos que había dedicado para mí. Vivir sola, sin familiares o amigos, sin salir a divertirse, dedicarse sólo al trabajo, no es algo recomendable, el tener trabajo no significa ser feliz.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Capítulo IV Suerte

Llegué casi sin aliento al lugar en el que me había citado Charlie para negociar sobre nuestro pequeño proyecto independiente con los productores y patrocinadores interesados. Después de una breve charla, logramos cerrar el trato. Luego de despedirnos y salir del edificio, Charlie se fue corriendo a hacer los preparativos necesarios para comenzar a filmar cuanto antes, aunque aún nos faltaba contratar al equipo técnico y hacer el casting. Yo por mi parte, y dado que no tenía nada mejor que hacer, fui a mi departamento a llamar a mi padre para darle la gran noticia de que en mi tercer día de estar en Australia pero bueno, para eso había ido a aquel país: a trabajar y lograr mi sueño, ya había conseguido lo necesario para mi primer largometraje. Estaba que no cabía de contenta, fue más fácil de lo que había imaginado, sin duda fue un golpe de suerte que mi guión hubiera pegado tan pronto, aunque en buena parte se debía también a que Charlie, que ya se había hecho de un modesto renombre desde la universidad gracias a su talento, en el tiempo que esperaba a que yo llegara, ya había hecho su trabajo consiguiendo algunas audiencias para presentar nuestro material y digo nuestro porque nos habíamos aferrado a una condición: si el guión era aceptado, él dirigiría, prácticamente él lo hizo todo, en cuanto lo viera tendría que agradecerle.


Al llegar a mi aún vacía y solitaria casa, llamé a papá, se puso tanto o más feliz que yo por mi reciente logro, le prometí que lo llamaría en el preciso momento en que empezara la filmación, yo como guionista no tenía prácticamente que hacer nada ya, mi trabajo estaba hecho, y estaba segura de que Charlie se apegaría a él y que no le cambiaría ni una coma, a menos que fuera estrictamente necesario; sin embargo yo iba a estar todos los días de filmación, sabía que disfrutaría todo el proceso.

Después de una larga charla con mi padre sobre perseverancia, éxito en la vida, la familia y otras cuantas cosas más; tomé una ducha, preparé spaguetti y cuando me disponía a sacar el pollo de la nevera, llamaron a la puerta. Era Charlie, en cuanto lo vi me abalancé sobre él para estrecharlo.

Sí, yo también estoy felizdijo en tono amigable.

Gracias, todo es gracias a ti, mira, mi tercer día en Australia y ya tengo trabajo admití animada.

No te emociones tanto, no es un trabajo fijo y tendrás una única paga se apresuró a decir aunque te alcanzará para sobrevivir un tiempo agregó en tono de broma, aunque era muy cierto.

Pasa, no te quedes en la puerta.

Como era lo único que tenía, brindamos con soda, comimos spaguetti con pollo y charlamos un rato. Luego mi invitado pidió algo de música. Puse uno de los discos indispensables que había traído junto con mis libros. Y me enteré de algo.

¿Te gustaron los regalos? preguntó reprimiendo una sonrisa.

¿Cómo sabes que ...? no terminé la pregunta. Lo miré entrecerrando los ojos, inspeccionándolo ¿Tú los enviaste?, no tenías que hacerlo, te pagaré en cuanto tenga dinero...

Olvídalo dijo interrumpiéndome, sé que necesitabas esos aparatos. Cuando yo llegué aquí no sabes cómo sufrí por ellos, no quería que pasaras por lo mismo, si te hace sentir mejor te dejaré que me pagues luego, no hay prisa. Traje una película que quiero que veas dijo cambiando de tema―.

En serio te lo agradezco, no debiste hacerlo, te pagaré lo más pronto posible. Gracias.

Luego de una amena plática, unas cuantas carcajadas y unos sorbos de nuestras sodas, nos acomodamos para ver la película en unos improvisados asientos hechos con cajas. Para cuando terminó la película y nuestra charla ya había oscurecido, eran alrededor de las 22:00 horas cuando convencí a Charlie de que se fuera a descansar. Yo también necesitaba tomar un respiro de tan agitado y largo día.