sábado, 4 de julio de 2009

Capítulo X Recuperación

Luego del lamentable accidente que le quitara la vida a Helena, tanto la producción de la película como nuestros ánimos, terminaron en un pozo vacío. Yo no pensaba que algún día podría salir de allí. Afortunadamente, el tiempo, aunque no cura todo, al menos disimula las heridas, por lo que ya no me sentía tan decaída como en los últimos días. Necesitaba trabajar, no sólo para sobrevivir sino para despejarme. Mi lado creativo siempre me ha sido de gran ayuda para los desafortunados eventos de la vida.
Y Charlie vino con la ayuda y con el trabajo.
El clima de Australia sin duda era de gran ayuda anímica, al menos así lo habría sido para una persona de día, mar y sol; no para mí que era alguien de noche, frío y luna. Uno de esos días soleados y teñidos de color, temprano por la mañana, Charlie vino a mi departamento con una refrescante propuesta para salir de paseo a la playa. Me negué. Pero me convenció de ir a desayunar a uno de esos restaurantes en el que las mesas se encuentran bajo enormes sombrillas y al aire libre.
Comimos y charlamos, largo rato como era común entre nosotros. No lo he dicho anteriormente pero Charlie era como el hermano mayor que nunca tuve. Discutimos sobre mi estado de ánimo, la superación de la muerte de Helena y la recuperación a la que según él, yo me negaba.
Cuando parecía que la conversación terminaba y que Charlie abandonaba todo su intento por animarme, la plática dio un giro a otros rumbos.
―Oye, ¿recuerdas cuando hacíamos videos caseros? ―preguntó él de improviso.
―Sí, cómo olvidarlo, esos videos fueron mi debut como actriz ―sentí que las comisuras de mis labios tiraban hacia arriba ante el ameno recuerdo.
―¿Recuerdas Papel, tinta y muerte?, ese corto en el que interpretaste a una escritora desquiciada, solitaria, arrogante, obsesiva, orgullosa, pedante, mordaz...
―Ok, ok, ok, lo recuerdo ―lo interrumpí ― fue un tremendo reto, además de mi escasa formación histriónica, el papel era bastante complicado.
―Pero te gustó ―no lo dijo en forma interrogativa. La afirmación tenía un trasfondo.
―Sí ―lo miré inquisitoria ―, ¿a qué viene esto?
―Me preguntaba sí te gustaría hacer una película no como escritora sino como actriz.
―¿Eh? ―lo miré boquiabierta ―, ¿una película?
―Este... no, no una película, no, un corto ―respondió confuso.
―Creo que te afectó el sol.
―Hablo en serio.
Lo pensé unos segundos.
―¿De verdad me estás proponiendo un papel en uno de tus cortos?
―Serías la protagonista.
Me reí, mi risa con un grado de histeria.
―Estás loco. Veo que hablas en serio y eso no me lo creo, ¿por qué me querrías a mí pudiendo conseguir a una actriz profesional?
― Bah, eso no importa; lo que importa es que quiero que lo hagas tú.
Me detuve a meditarlo un rato. La idea de actuar era tentadora, en realidad me divertía bastante haciéndolo, era algo que disfrutaba bastante. Aún así había algo en la mirada ofuscada de Charlie que me hacía dudar, algo que me hacía creer que mintiera.
―¿Tienes el guión? ―pregunté simulando desinterés.
―Sí, puedes leerlo ahora ―respondió, también tratando de esconder su entusiasmo al tiempo que sacaba su laptop.
Honestamente, me enamoré del guión. Me sorprendió lo buen escritor que podía llegar a ser Charlie, siempre que se lo propusiera, y esta vez, sí que lo hizo bien, más que bien.
―Charlie, ¡me encanta! ―admití sin ocultar mi furor.
―¿Entonces aceptas? ―preguntó alzando una de sus espesas cejas.
―Tenemos un trato.
Terminamos nuestras tazas de café y nos despedimos. Charlie llevaba prisa, se había retrasado para una entrevista, pero dejó claro que prepararía las formalidades. Era gracioso, jamás me hubiera imaginado que llegaría tan lejos; mi amigo de escuela, siempre con su cámara lista para cualquier material inesperado. Y ahora era llamado a entrevistas, a programas de radio y tv.
Algo dentro de mí se me retorció, sentí una sensación extraña en el estómago, similar a un presentimiento mezclado con la emoción de hacer mi primer corto profesional como actriz; como escritora había hecho varios ya. Me sentí rara unos instantes, después el presentimiento pasó y sólo quedó la energía que otorga el entusiasmo.
Vaya, Charlie de verdad sabía cómo hacerme sentir mejor.

viernes, 24 de abril de 2009

Autobiografía

Nací en México un 3 de octubre de 1988. De familia algo dispareja: mi padre es del pintoresco estado de Michoacán, hijo de campesinos y talentoso estudiante, pronto se trasladó a la Ciudad para prosperar y tener lo que dicen "una vida mejor", quería estudiar leyes pero la vida lo llevó por otro camino: actualmente es un exitoso publicista y dirige su propia agencia; mi madre es de Guanajuato, es secretaria y ama de casa. Tengo tres hermanos, Estephania de diecisiete, Valeria de diez y Ricardo de ocho.
Estudié siempre en el país. Desde pequeña, mi padre me inculcó la importancia de la lectura y del estudio; solía comprarme libros de cuentos de hadas y similares, después me guió hasta Dickens, Hemingway, Twain, Carroll, los Grimm... hasta que tuve mis propios intereses. A los nueve le pedí Drácula, a lo cual se negó argumentando que era muy pequeña para esa clase de libros, me lo concedió dos años después. Se supone que mi país no es muy afecto a la lectura, así que eso me hacía la "típica niña inusual" que, a diferencia de otros niños de mi edad, amaba leer. Pero también sabía divertirme jugando como el resto del mundo, de hecho, era una niña traviesa: trepaba árboles para ver los huevitos de los nidos, saltaba del columpio en movimiento; recuerdo que en una ocasión, mientras estaba de vacaciones de Michoacán, pisé accidentalmente y trayendo sandalias, lo que parecía ser una colonia de hormigas de fuego, de inmediato salieron de su hormiguero, subieron por mis pies y comenzaron a picarme, salí corriendo y gritando que las hormigas me picaban, llegué hasta mi padre que me las sacudió con las manos y me mandó a que me quitara los pantalones por si aún quedaba alguna malvada hormiga dentro de ellos. En fin, era tan traviesa, que en dos ocasiones me fracturé el brazo izquierdo.
También es cierto que era algo violenta, por lo que mis padres me inscribieron en clases de Tae Kwon Do. Funcionó, mi agresividad disminuyó hasta convertirme en alguien ligeramente explosivo.

En la preparatoria me volví un poco introvertida, mi inquietud por el arte me llevó a estudiar teatro, pintura, fotografía y cine; pero finalmente la literatura me sedujo.
Al terminar la preparatoria, gané una beca completa para estudiar en Inglaterra. Desde antes de partir dominaba el inglés y medianamente el francés. Al llegar allá estudié Literatura Inglesa y perfeccioné el francés y aprendí japonés; sin dejar nunca de ejercitar mis otras habilidades. A la par de mi carrera estudié fotografía, uno de mis hobbies, llegando a emplearme profesionalmente. También tuve la fortuna de que en la universidad se impartieran clases de Guión Cinematográfico. Fue durante este tiempo cuando mi creatividad era casi ilimitada, y escribía tanto guiones como novelas cortas y demás.

Charlie, amigo desde la secundaria, se había trasladado a Sydney, Australia. Dado que siempre fuimos muy unidos, a él le enviaba todos mis trabajos, hasta que uno de mis guiones lo deslumbró según él , y dijo que ya había comenzado a buscar la realización de la película con ese guión.
En cuanto me gradué, volé, literalmente, a Australia. Nunca soporté mucho el sol, pero el de Australia era diferente al de mi país, la brisa marina lo hacía soportable. El resto de la historia, ya lo saben: a mi llegada a Australia Charlie consiguió el contrato para llevar a cabo la película que fue un pequeño gran éxito, e incluso me permitió conocer a uno de mis ídolos: Hugh Jackman. Posteriormente obtuve trabajo como guionista en una serie televisiva y actualmente me encontraba junto con Charlie en la pre-producción de una segunda película basada en uno de mis trabajos favoritos, antes de que sobreviniera la tragedia.

jueves, 5 de febrero de 2009

Capítulo IX Tragedia

Todo había ido a la perfección, estábamos a punto de iniciar la filmación, ya habíamos hecho el casting para la película y todos los actores me parecieron adecuados para los personajes que con tanto cuidado plasmé en el guión, aunque no me dejaran intervenir en la elección de los mismos; el fotógrafo que contratamos era un chico desconocido pero que nos pareció maravilloso, en realidad era todo un genio, o al menos, eso me pareció a mí ya que sus ideas no chocaban con las mías. Absolutamente todo había sido sencillo, grato y sin dificultades, hasta que nos acercamos al momento de rodaje: nuestro protagonista enfermó gravemente y tuvimos que posponer, nada contentos, el rodaje por un mes. Pero al parecer todo iba de mal en peor, al vencer el plazo, con nuestro chico restablecido, nuestra protagonista pidió una prórroga ya que enfrentaba problemas personales que la harían viajar a EUA con su familia; solicitó 2 semanas, se las otorgamos. El contrato no nos permitiría esperar más de ese lapso, ahora teníamos el tiempo contado, pero ocurrió algo que nos hizo suspirar a todos: nuestra chica, Helena McGowan, había regresado de su viaje una semana antes.

Planeamos empezar a filmar en cuanto ella llegara y se sintiera lista, pero ocurrió algo totalmente inesperado, una catástrofe. Cuando llegó el ansiado día de filmación, Helena nos llamó desde el móvil diciéndonos que venía en camino, aunque a mí no me sonó nada bien su voz, parecía que estaba llorando, me preocupé, algo iba mal. Más que mal, más que peor: a mitad del camino al set, Helena sufrió un terrible accidente automovilístico. En cuanto lo supimos corrimos al hospital, qué importaba ya el rodaje, se había vuelto irrelevante a comparación con la vida que perdíamos. Pasaron dos días, que se nos hicieron eternos, para que su estado fuera estable, en el cuarto entró en coma. Los doctores aseguraron que no se recobraría de ese estado. No podía creerlo, una joven tan prometedora viendo su vida severamente golpeada, pero lo peor aun no llegaba. Cuando se le comunicó a su familia el estado de su hija, vinieron de inmediato, y juntos llegaron a la conclusión de que no la dejarían permanecer en su estado, no era esa una vida. Al séptimo día, la desconectaron del aparato que la mantenía con vida. Yo hubiera querido que la dejaran como estaba, respirando, tranquila en su cama, su rostro tenía una serenidad asombrosa, parecía que no sufría; pero saber que jamás volvería a abrir los ojos, a reír, a hablar, era demasiado cruel tan sólo pensar en dejarla así. Lloré largos ratos por ella, no sé qué hubiera hecho si hubiera estado en el lugar de sus padres, quizá lo mismo que hicieron, quizá no, era una situación demasiado dolorosa, me parecía que el saber que una persona amada seguía con vida pero sin poder vivir por ella misma era aún más terrible que si hubiera muerto en el accidente. Me sentía terrible por pensar de esa manera, pero no sabía qué pensar, qué hacer, no sabía nada, sólo quería olvidarlo.

Evidentemente el rodaje se canceló.

Helena, de acuerdo a su voluntad, fue sepultada en Australia. En su funeral, mientras Charlie daba sus condolencias a la familia McGowan, Hugh se separó de su esposa e hijos, la familia Jackman consideraba importante para sus hijos el que estuvieran al tanto de lo que sucedía en el mundo real, y se acercó al lugar donde me encontraba. Creí que me preguntaría como me encontraba, aunque sólo fuera por cortesía, pero en lugar de eso, me abrazó sin decir nada. Me sentí tan bien en ese momento, sus brazos rodeándome, mi rostro sepultado en su amplio pecho. Y entonces, de alguna manera, lo comprendí: la muerte de Helena no se comparaba con lo terrible que habría sido su existencia estando atada a un cuerpo que ya no le pertenecía, su cuerpo había sufrido de una destrucción que aunque prematura, la devolvía al mundo perfecto, al mundo incorruptible; supe que estaría en un lugar mejor, que aunque trillado, no puede ser menos que verdadero.